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  Nuevo, CUADERNO NRO 10 completo LEER AQUI

Patagonia

CUADERNOS CULTURALES


HISTORIAS, LEYENDAS, COSTUMBRES Y PERSONAJES DE LA PATAGONIA ARGENTINA

Publicación cultural auspiciada por Vieira Argentina S.A.

Consultas e información: deseadorevista@hotmail.com

Recopilador: Mario dos Santos Lopes

Noticias Patagónicas: www.elordendeseado.com.ar

Fotos de Puerto Deseado y su gente www.fleo.com.ar/deseado

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Temas y Artículos:

CARLOS DARWIN y sus observaciones sobre la Patagonia/M. Llarás Samitier

1991/ LA ERUPCION DEL VOLCAN HUDSON/ Rufino Sienes

ALFREDO SAHDI, EL ACTOR TRASHUMANTE DE LA PATAGONIA/ Mario dos Santos Lopes

DORA RODRIGUEZ DE ALEMANY/ Vicente Herrera

1964 EL DIA QUE VOLCO EL OMNIBUS MUNICIPAL/ Carlos Roberto Santos

HISTORIAS DE VIDA/ María Concepción Sierra

1984/ LA FIESTA DEL CENTENARIO

LOS GRANDES NAVEGANTES QUE PASARON POR PUERTO DESEADO/ Texto completo para descargar

1901/1902: AARON DE ANCHORENA Y EL PRIMER VIAJE TURISTICO A LA PATAGONIA

DICHOS CRIOLLOS PATAGONICOS, recopilados por ASENCIO ABEIJON

CUADERNO NRO 10 COMPLETO / descargar desde aquí


 

 

 

 

 

CARLOS DARWIN y sus observaciones sobre la Patagonia

 Al promediar la mañana del día 23 de diciembre del año 1833, la famosa goleta hidrográfica "Beagle", ancló en Puerto Deseado "frente a las ruinas de un antiguo poblado español", sin descubrir en los alrededores ninguna señal de vida. El más absoluto silencio reinaba sobre la comarca, y en toda la extensión que alcanzaba la vista no se veía un solo árbol. El día era sereno y caluroso, sin una nube en el cielo, y sin que la más leve brisa refrescara aquel ambiente desierto. Poco después de mediodía se alistó un bote y entre los que desembarcaron figuraba Carlos Darwin, joven naturalista británico, que por primera vez  pisaba y observaba el suelo patagónico, ansioso de bucear en el misterio que ofrecían las tierras de un país enteramente nuevo, casi desierto y desconocido más allá de sus costas.

         De los trabajos divulgados posteriormente por éste hombre de ciencia, considerado como el más famoso de su época, iba a nacer una injusta y curiosa leyenda sobre la Patagonia. La misma aún hoy permanece sólidamente incrustada en los círculos  científicos, y en modo especial se encuentra arraigada con espesa atmósfera sensacionalista, en los ambientes literarios y periodísticos.

         Se acusa a Darwin -sin aportar pruebas y testimonios- de haber bautizado a nuestra Patagonia con el lúgubre epíteto de "tierra maldita". Son muy raros los trabajos literarios sobre esta región argentina que omitan citar a Darwin, lo cual es lógico, y a continuación le cuelgan la famosa frase, con objeto de alardear erudición. Creemos que sobre este particular se han cometido ya muchos errores,  y que tan severo juicio sobre las apreciaciones del científico inglés, en buena parte es tan injusto como infundado. Quienes han intentado fundamentar esta acusación, recurren siempre a un párrafo de su diario de viaje, escrito durante los días en que exploró el curso del río Santa Cruz, pero de ninguna manera reproducen el texto original, y para el caso citan generalmente a otros autores, que aunque eruditos en sus respectivas especialidades, tampoco verificaron jamás la veracidad de sus afirmaciones.

         Un ejemplar de la obra de Darwin editada en Londres con fecha del año 1839, figura en la biblioteca del Museo Etnográfico, y al parecer muy pocos autores se han tomado la molestia de consultar este libro.

         Siguiendo su diario de viaje, el día 22 de abril en la pág. 215, tomo I, leemos estas frases: "The curse of sterilty is on the land, and the water flowing over a bed of pobbles partakes of the same curse". Todas estas palabras han  sido sintetizadas en la lapidaria frase "tierra maldita", tan íntimamente ligada a la copiosa obra literaria y científica que trata sobre la Patagonia. La interpretación corre por cuenta de la imaginación de cada autor, pero es de advertir que han incurrido en un exceso de severidad. Al leer la obra mencionada, advertimos que este hombre de ciencia, uno de los primeros que desvinculó la Patagonia de las fantasías y leyendas, escribió páginas muy hermosas y sinceras, que nunca se mencionan al citar la famosa sentencia.

         Aun cuando Darwin hubiera escrito esa frase tan odiosa, es necesario recordar también que en tal caso, sus antecesores no abrieron juicios mucho mejores.

         El cronista de la expedición de Loaysa, en el año 1526, al naufragar una nave cerca de cabo Vírgenes, escribió textualmente: "El lugar era tan maldito, que no había allí más que guijarros". Este cronista, Andrés de Urdaneta, figura entre los primeros que siguieron al famoso Pigafetta de la expedición de Magallanes, vale decir que prácticamente encabeza la lista de autores hispanos que registran comentarios sobre la Patagonia. Por lo tanto, la acusación endosada a Darwin de haber bautizado la Patagonia como una tierra maldita, es totalmente injusta, ya que doscientos años antes se habían escrito frases que no admiten discusión respecto a su originalidad. En general, todas las crónicas antiguas mencionan a la Patagonia con tintes sombríos, y los relatos de los expedicionarios de la "Beagle" figuran entre los primeros que carecen de alusiones trágicas. Esta constancia resulta asombrosa, pues Darwin mismo, al contemplar el panorama de Puerto Deseado, escribe: "El tiempo es seco y agradable, y el limpio azul del cielo rara vez se obscurece". Estos fueron los primeros renglones que escribió sobre la Patagonia. A continuación comenta la impresión que le produjeron los espejismos: el tiempo inesperadamente seco y caluroso; el absoluto silencio que reinaba en todas partes; la ausencia de todo vestigio de árbol, pero añade que entonces experimentó en su ánimo, "un sentimiento mal definido, pero de íntimo gozo espiritual". No obstante se hallaba contemplando una región yerma y solitaria, con restos de antigua población, como eran las ruinas abandonadas de lo que fue el sueño dorado de Antonio de Viedma. Ocultas en una hondonada, descubrieron las antiguas huertas españolas, donde pudieron saborear algunos frutos y legumbres que crecían en estado semisilvestre. Esto les demostró que el clima no era tan severo como para rechazar todo tipo de producciones, aun cuando habían advertido que en latitudes semejantes, cual estaban situadas las islas Malvinas, el trigo no llegaba a consolidar sus espigas, y los árboles no arraigaban ni aún bajo cuidados especiales. La ausencia de árboles llamó poderosamente la atención de todos los viajeros, tal como ocurre en la crónica de Musters, cuando queda extasiado al contemplar el primer árbol, echándose a descansar bajo su sombra, luego de iniciar la travesía desde el estrecho de Magallanes.

         Nos imaginamos el asombro que hubiera experimentado Darwin, si en la misma región de Puerto Deseado llegara a contemplar los maravillosos ejemplares del bosque petrificado. Lo cierto es que el estado de soledad y desierto que reinaban sobre la Patagonia, fue intentado quebrantar sin éxito por el brazo férreo de la vieja España. Desde Deseado zarparon hacia San Julián, puerto al que arribaron el día 9 de enero. Darwin  describe esta bahía como "un magnífico y espacioso puerto", pero en cambio aclara que los terrenos adyacentes le parecieron algo más estériles que los visitados anteriormente en Puerto Deseado. Allí realizó observaciones, que lo dejaron pasmado de asombro, al constatar que el mar había invadido por lo menos ocho veces aquellos lugares en un lapso que lógicamente deberían abarcar varios milenios.

         Comprobó también, con no menos sensación de asombro, al desenterrar un bien conservado esqueleto del gigantesco Macrauchenia, que este animal había merodeado en las inmediaciones de la bahía de San Julián, "mucho después del período de transporte graciar de los cantos erráticos".

         Calculó, sin hallar explicación satisfactoria, el extraordinario cambio que habían experimentado esas regiones, cuando en tiempos que geológicamente no consideró remotos, pastaban allí gigantescos cuadrúpedos, cuyos huesos fósiles tenía a la vista. Para subsistir, estas bestias debían disponer de abundante alimento y agua, dado que sus movimientos eran necesariamente lentos debido a sus moles, y esto les impedía desplazarse rápidamente de un sitio a otro en procura de pastos, tal como ocurre con el guanaco actual. Las llanuras que rodean la bahía de San Julián, en consecuencia, eran dilatadas praderas con pastos abundantes, alimentados por un clima húmedo y lluvioso. El seco panorama, le resultaba a Darwin campo propicio para dar rienda a su imaginación, considerando que allí habían pastado rebaños de corpulentos animales, entre abundantes arroyos, cuando él sólo veía tierra y mar sin una sola gota de agua potable. A fin de reanimar a varios expedicionarios que cargaban el instrumental, fue necesario traer agua de a bordo, pues en toda la extensión que recorrieron no hallaron absolutamente nada que les permitiera saciar la sed.

         El día 13 de abril, ya en pleno otoño, arribaron a Puerto Santa Cruz, donde tenían pensado repasar el casco de la goleta, aprovechando las ventajas del lugar.

         Mientras se realizaban esos trabajos, emprendieron la exploración del caudaloso río, que según calcularon, debía nacer en la misma cordillera.

         El día 18 anota: "favorecidos por una fuerte pleamar y un tiempo hermoso, comenzamos a remontar el río que lleva el mismo nombre de la bahía".

         A esta altura, la crónica de los expedicionarios resulta asombrosa, porque en ningún momento citan el rigor del clima ni las furias eólicas. Aún cuando estaba ya muy avanzado el otoño, tampoco se quejan del frío, ni del viento, ni mencionan en sus anotaciones meteorológicas la presencia de alguna nevada.

         Es de creer que fueron favorecidos por un año de excepcional tiempo estable, sin vientos huracanados y sin fríos tempranos, que tampoco se citan en los días del mes de mayo. Casi todas las  expediciones anteriores fueron víctimas de la furia de los elementos, y no corrieron mucha mejor suerte, décadas más tarde, expediciones como las del perito Francisco P. Moreno, quien testimonia las furias de los elementos en esa región. Roberto J. Payró también relata los efectos del temporal en Santa Cruz, la formidable corriente del río y "ventolinas de dos mil y pico de demonios".

         El capitán Roberto Fitz Roy, que llevó un diario de monótonas pero cuidadosas anotaciones meteorológicas, no menciona días de viento excepcionalmente huracanado durante su estada en Deseado, San Julián y Santa Cruz. En cambio dedica muchos renglones al mal tiempo que soportaron en el Estrecho, en Tierra del Fuego y en la Patagonia occidental o chilena. Finalmente, Darwin dice en su diario sobre la exploración del río Santa Cruz: "Todos, menos yo, venían descontentos", prueba de que la impresión recibida no fue precisamente la que pudo causarle una "tierra maldita", tal como se viene sosteniendo hasta los días actuales. Lamentó mucho el no haber podido arribar a la cordillera misma, la cual sólo pudo contemplar desde la distancia, sin poder llegar a ella. No obstante, se encontraban a pocas jornadas del lago, tal vez un día más en su esfuerzo y hubieran avistado el presentido embalse donde el Santa Cruz inicia su recorrido hacia el mar. Pocos son los cronistas que luego de visitar la Patagonia, aún en los días actuales, mencionan haber disfrutado al cabo de cinco meses, días de "tiempo hermoso", tal como leemos en el diario de mister Darwin.

 Manuel Llarás Samitier

(en la revista Argentina Austral, año 1951)

 

 

1991 / LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN HUDSON
...Y los días se hicieron noches

En la madrugada del martes 13 de agosto de 1991, aproximadamente a las seis de la mañana, comenzó en Puerto Deseado y su zona de influencia la lluvia de ceniza proveniente del volcán chileno Hudson, el cual había entrado en erupción los días anteriores. La virulencia del fenómeno, algo poco común en los anales de la vulcanología a nivel mundial, y el hecho de que la inmensa mayoría de la gente careciera de la más elemental información sobre el particular, motivó que en los primeros momentos cundiera el pánico entre quienes, al salir de su casa, se vieron envueltos en una espesa nube cuyos componentes resultaba difícil determinar habida cuenta que aparentaba ser una extraña mezcla de humo, ceniza y tierra que emergía del interior de los edificios y convertía en algo dantesco circular por las calles de la localidad.
Personalmente y haciendo con ello honor a la verdad, debo confesar que sentí una desagradable impresión, no exenta del normal y respetuoso temor que suelen causar los fenómenos desconocidos, cuando al dirigirme a mi lugar de trabajo, casi anulado el sentido de la orientación a causa de la impenetrable oscuridad reinante, me hallé perdido en las calles por las que tantas veces había transitado a lo largo de treinta años; calles que, como es lógico, conozco como la palma de mi mano y por las que en circunstancias normales podría caminar con los ojos cerrados. Los interminables diez minutos que empleé para recorrer en coche las escasas nueve cuadras que separan mi casa de la Cooperativa Ganadera, lugar donde trabajaba, fueron una verdadera pesadilla. La falta de visibilidad impedía saber si el coche rodaba por la calzada, única forma de no llevarme por delante los vehículos estacionados o chocar con alguno de los pocos que circulaban en dirección opuesta y cuyas luces apenas se distinguían en la oscuridad.
Gracias a Dios, Ser Supremo cuya protección solemos invocar en los momentos difíciles, pero del Cual nos olvidamos con demasiada frecuencia poniendo con ello de manifiesto la desconsideración e ingratitud que yace en el alma de cada ser humano, pude arribar a mi lugar de trabajo sin mayores inconvenientes, pero seriamente preocupado por las consecuencias que a posteriori y en todos los órdenes podía acarrear el extraño fenómeno.
Al descender del coche, una vez aparcado en el lugar de costumbre, me encontré con Alicia Jenkins, una compañera de trabajo que había hecho el camino a pié y llegó con las ropas y el cabello completamente blancos además de un susto que no le cabía en el cuerpo cuando me preguntó: Rufino ¿ qué es esto?; una pregunta que yo me había formulado varias veces y para la cual no encontraba una respuesta satisfactoria. Tenía, eso sí, un vago presentimiento sobre el origen de la persistente y molesta lluvia de ceniza que desde hora temprana se abatía sobre Puerto Deseado; presentimiento que pude corroborar cuando ingresé a la Cooperativa y dos compañeros, Lidia Heras y Genaro Fueyo, ambos preocupados por las características del fenómeno y ocupados en limpiar la gran cantidad de ceniza depositada en el salón de ventas, me informaron que había entrado en erupción, en territorio chileno, el volcán Hudson, nombre hasta ese momento desconocido para nosotros, pero del que difícilmente podamos olvidarnos en el futuro toda vez que su atípico comportamiento alteró seriamente el ritmo de vida de quienes habitamos la extensa zona afectada, y sumió prácticamente en la ruina a muchas familias que dependían de lo que históricamente produce el campo en este lejano confín del mundo: el ganado ovino.
Con la urgencia que el caso requería, y atenta a velar por la seguridad de la población, la Junta Local de Defensa Civil encabezada por su titular, el señor intendente municipal, don Luis Ángel Diez, se abocó a recabar información de los organismos competentes y a trasladarla a la ciudadanía mediante comunicados emitidos puntualmente por L.R.I. 200, radio Puerto Deseado, a través de los cuales se daban a conocer una serie de medidas tendientes a preservar la salud y calidad de vida de la población. Cabe al respecto señalar que en algunos casos los comunicados emanaban directamente de Defensa Civil, aconsejada por la lógica y el sentido común, este último agudizado en la ocasión por las excepcionales características que revestía el fenómeno y las adversas condiciones en que, inevitablemente, habría de desarrollarse la vida de la comunidad en el futuro.
En mi modesta opinión, y sin pretender con ello que la misma sea mayoritariamente compartida, considero que la labor desarrollada por Defensa Civil y la emisora local L.R.I 200, fue óptima y estuvo en toda momento presidida por su loable afán de llevar tranquilidad a la población evitando por todos los medios contagiar a la misma con su lógica preocupación y estado de ánimo, y hasta minimizando, en no pocas ocasiones, la gravedad de la situación que se estaba viviendo, al solo efecto de atemperar el desasosiego en que estaba inmerso el vecindario. Tan humanitario comportamiento se fundamente en un cabal sentido de responsabilidad y lleva implícito un gran profesionalismo. En tal inteligencia, y con la libertad que me confiere el hecho de no haber integrado la Junta de Defensa Civil ni tener con L.R.I. 200 otra relación que la dictada por las más elementales reglas de cortesía y las buenas costumbres, considero un deber de justicia expresar a ambas y a cuantas personas brindaron a las mismas su generosa y altruista colaboración, mi sincero agradecimiento por su manifiesta responsabilidad y excelente manejo de la información.
Con muy buen criterio, la Junta Local de Defensa Civil aconsejó el cese total de actividades a fin de que la familia estuviera reunida en circunstancias tan excepcionales. Entre sus recomendaciones figuraba también la de no exponerse innecesariamente a los rigores del clima, y en casos de urgencia hacerlo provistos de los correspondientes barbijos y antiparras.
A fin de controlar el ingreso de ceniza a las viviendas , sus ocupantes se abocaron de inmediato a "sellar" puertas, ventanas y rendijas con cintes, trapos y otros elementos similares. Así y todo había momentos en los cuales, incomprensiblemente, la ceniza flotaba en las dependencias de tal forma que era menester limpiar, de tanto en tanto, los muebles y el suelo de las habitaciones. En consecuencia, el ambiente se tornaba irrespirable.
El día 13, la noche se prolongó por espacio de 90 minutos. La nube de ceniza era tan densa que la claridad del nuevo día fue incapaz de traspasarla hasta bien entrada la mañana. El resto del día, y el siguiente, la ceniza cayó con menos intensidad, pero tampoco el astro rey consiguió perforar las nubes que se cernían alocadamente sobre la ciudad.
El jueves, día 15, entre las 15 y 15,30, aproximadamente, la noche se enseñoreó de la ciudad a tal punto que se encendieron todas las lámparas del alumbrado público. Esos 30 minutos, sin lugar a dudas, fueron los más largos y llenos de incertidumbre en la vida de quienes debimos soportarlos.
El día 16 se mantuvo más o menos claro, pero en las últimas horas del sábado 17 y en la madrugada del domingo 18 el viento corrió a 120 Km. por hora, circunstancia que contribuyó a que la ceniza ingresara en grandes cantidades a todos los ambientes y convirtiera esas horas en un verdadero calvario. Las últimas horas del domingo 18 y las 24 del 19 fueron relativamente calmas; circunstancia que dio un respiro a la gente y contribuyó a cambiar su estado de ánimo a tal punto que no parecía la misma de los días anteriores. El hecho estaba también relacionado con la esperanza de que lo peor ya hubiera pasado.
Mientras tanto comenzaron a llegar noticias suministradas por los radioaficionados y algunos estancieros que arribaban del campo, informando lo que había sido la vida en las zonas más afectadas por el fenómeno y de los estragos que el mismo había causado en la mayor parte de las estancias. Las mismas daban cuenta también de la gran cantidad de vehículos que habían quedado en las rutas de la zona; algunos de ellos fundidos a causa del intenso pulido que la ceniza sometía a las partes vitales del motor y otros impedidos de seguir transitando debido a la escasa visibilidad reinante.
Quien esto escribe conversó largamente con dueños de estancias, encargados y peones que debieron permanecer encerrados sus casas por espacio de una semana, viéndose por lo tanto imposibilitados de realizar las más acuciantes tareas sin correr el riesgo de extraviarse apenas perdían contacto con las paredes de los edificios. Casos hubo en que llegar a un molino o a las caballerizas, distantes 40 metros de la casa, resultaba poco menos que imposible.
Solamente quienes por imperio de las circunstancias vivieron momentos tan desagradables y sufrieron en carne propia las consecuencias del fenómeno, pueden con justicia aquilatar la gravedad de la situación y dar testimonio de la impotencia y desesperación que se siente en casos como el que nos ocupa, cuando las fuerzas incontrolables de la Naturaleza niegan toda posibilidad de atemperar su furia desenfrenada.
Hasta el viernes 6 de septiembre, de 1991 los días se sucedieron alternando momentos de relativa calma y luminosidad con otros en los cuales densas nubes de ceniza revoloteaban alocadamente sobre la ciudad. Al promediar la mañana del día de la fecha la ceniza comenzó a enseñorearse nuevamente del cielo patagónico y a las 11,30 horas se hizo totalmente de noche por espacio de 12 o 15 minutos. Esta segunda experiencia ya no causó tanta preocupación en la gente como la primera. A continuación y por un lapso de aproximadamente tres horas el cielo se despejó totalmente. A las 15 horas, y sin que aparentemente existiera motivo alguno que lo justificara toda vez que no soplaba la más leve brisa, nuevamente la ceniza penetró en todos los ambientes de las viviendas con inusitada violencia.
Hasta el primero de junio de 1992, fecha en la que tomé los últimos apuntes relacionados con el tema que estoy reflejando, podría dejar constancia del número de días y horas de cada uno de ellos en los cuales debimos convivir con la ceniza, pero me abstengo de hacerlo por considerar que resultaría monótono y reiterativo. Consecuentemente, lo resumiré diciendo que fueron muchos los días en que la ceniza se hacía presente; a veces después de haber llovido con intensidad durante horas, y hasta en forma de barro cuando esto sucedía. Si bien con menor intensidad dado que al reparo de las matas solo quedaba la ceniza más gruesa, a partir de esta última fecha su aparición fue más espaciada, pero siguió flotando en el ambiente cada vez que el viento salía de ronda por los pueblos y campos patagónicos; algo que, probablemente, seguirá ocurriendo por mucho tiempo en los momentos en que viaje a bordo de sus invisibles y poderosas alas.

Rufino Sienes de Diego

 

PUERTO DESEADO

Aguas frías, azules y profundas, un mar infinito, bahías, acantilados y cabos son algunas de las imágenes que se capturan a lo largo y a lo ancho de los 965 kilómetros de la costa de Santa Cruz.
Bulliciosas colonias de aves marinas son el broche hacia un destino cautivante para los amantes de la naturaleza, la aventura, el desafío y los territorios vírgenes.
Un punto de partida para que el ojo humano curiosee profundamente sin perderse ningún detalle.
De norte a sur se ubica Puerto Deseado. Se accede a él desviándose de la Ruta Nac. Nº 3 hacia el este por la Ruta Nac.281, a la altura de la ciudad de Fitz Roy.
Un paraíso para fanáticos de la fauna. Es una localidad costera conectada con el océano Atlántico a través de una ría.
Su actividad principal es la industria pesquera y la ganadería, además de un creciente auge del turismo.
Ubicada al sur de la amplia entrada del golfo San Jorge, esta ciudad resulta impactante por su cambiante y colorida topografía.


PUERTO DESEADO

Deep blue cold water, an endless sea, bays, cliffs and capes are some of the images captured along the 965 km. coast of Santa Cruz.
Noisy sea birds colonies captivate nature and adventure lovers in these defying virgin territories.
Puerto Deseado is located in a north-south direction, and one can access by a deviation east in national route Nº 3 to take national route Nº 281 in Fitz Roy.
Puerto Deseado is a real paradise for fauna lovers. It is a beach city connected to the Atlantic ocean by an estuary.
The main economic activities are fishing, cattle production and tourism.
This city located in the south of Golfo San Jorge marvels with its changing colorful topography.

 

NUEVO

CUADERNO NUMERO 10

Textos y temas completos

Poema “SANTACRUCEÑO” de Hugo Giménez Agüero/ Aventura en los Hielos Patagónicos, por Santiago Valinoti Loza/ Vivencias de Puerto Deseado por Oscar Bidabehre/ Naufragios en Puerto Deseado/ Historia de los Transportes Navales en Argentina, por Carlos Mey/ La pelea del siglo, por Angel Clara/ De Comodoro a Las Heras, por Vicente Herrera Márquez/ Testimonios: Recuerdos de doña Josefa Urzúa/ La fiebre del oro en la Patagonia, por Marita Alasio y Alejandra Torrealba

Para ver el CUADERNO NRO. 10 –septiembre 06- completo CLICK AQUI

 

LOS GRANDES NAVEGANTES EN PUERTO DESEADO/ Texto completo del Cuaderno Nro. 1 LEER

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DICHOS CRIOLLOS PATAGONICOS

Por Asencio Abeijón*

*autor de "Memorias de un carrero patagónico"

"Cansado, como perro en tiempo de esquila"

            Cuando la zafra de esquila, en los campos quebrados de la Patagonia, resulta más trabajoso arrimar hasta el galpón de esquila en forma casi permanente, piños de ovejas lanudas. Todo este trabajo deben hacerlo los ágiles perros ovejeros, en un continuo correr y ladrar, con las patas heridas por las espinas y las piedras, con fuertes calores, sin tener donde tomar agua y con muy escasa comida, "para que no anden pesados". De esta forma los perros llegan a la noche tan cansados, que apenas se suspenden los trabajos, se echan a dormir, olvidándose hasta de comer; y cuando llega el amanecer y se renueva el trabajo, están tan doloridos, que les cuesta moverse, hasta que el ejercicio les calienta el cuerpo.

"Dejó el camino sucio, como vaca arreada al trote"

            Esto se dice de quien, luego de haber alardeado de valiente, al producirse el entrevero, escapa velozmente y asustado. El dicho tiene su origen en que el animal vacuno cuando está lleno y se lo arrea apurado, adquiere una pronunciada diarrea, que va señalando el camino que recorre.

"Boca sucia, como carrero encajado"

            La encajadura de una chata o carreta, hasta la maza de la rueda, en los caminos blandos y arenosos de antaño, era algo que llevaba luego varias horas de rudo y sucio trabajo, debiendo en oportunidades bajar la carga y luego cargar nuevamente el vehículo. Por eso al producirse una "encajadura", los carreros se enfurecían, lanzando andanadas de malas palabras, lo cual dio origen a dicha frase.

"Es un tipo metido, como perro de indio"

            Los aborígenes tenían por costumbre compartir sus toldos o ranchos con los numerosos perros que poseían, a los que permitían dormir y comer dentro de las habitaciones. En cambio el blanco o toda persona habituada a normas higiénicas, por más útiles que le fueran sus perros, no les permitían entrar en las habitaciones. Esto dio lugar al dicho.

(Extractado de "El vasco de la carretilla", Imprenta Gráfica, 1986)

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1901-1902/ Historias de la vieja Patagonia

Aarón De Anchorena/ Primer viaje turístico a la Patagonia y valles andinos

            A apenas 16 años de la rendición del bravo cacique Sayhueque, ¿a quien se le ocurriría, en la República Argentina, realizar un viaje "turístico" a Patagonia, cuando no existían "hojas de ruta", ni informes meteorológicos, ni asistencia de ningún tipo a lo largo de las interminables huellas de tierra? Sin embargo, a alguien se le ocurrió... Lo que sigue es una síntesis de ese viaje.

            A fines del año 1901, un conocido político, comerciante y estanciero, don Aarón De Anchorena, acompañado por sus amigos Esteban Llavallol y Carlos Lamarca y hasta un fotógrafo, Telmo Braga, inició un viaje de placer y caza a Patagonia. Llevaba personal especializado también, como Luis Boccard, que era preparador anatómico en el museo de La Plata y Constantino Ambrossioni, de oficio "cazador". Por supuesto, llevaba dos perros galgos amaestrados, que ya habían andado por Patagonia con la comisión de límites: un Pointer de caza y un Fox Terrier, el centinela del campamento.

            El viaje comenzó el dia 15 de diciembre  de 1901 al embarcarse el grupo en el vapor "Chubut", de la compañía Hamburgo Sudamericana.

            Al segundo día  pasaron frente a las costas de Mar Del Plata y el dia 17  desembarcaron en el puerto comercial de Bahia Blanca. El grupo visitó el pueblo, el gran dique de carena y las baterías de la costa.

            El dia 18, el estado del tiempo no se presentaba nada halagüeño, desencadenándose un temporal cuando el "Chubut" ingresó al golfo de San Matias. A unas trescientas y tantas millas divisaron la península de Valdes, cuyas escarpadas costas le parecieron a Anchorena de un aspecto muy triste; giraron hacia punta Delgada para entrar al imponente Golfo Nuevo; fondearon en puerto Pirámide y allí cazaron a algunos lobos marinos, que los había en abundancia; al anochecer desembarcaron en Puerto Madryn.

            Esa misma noche tomaron el tren hacia Trelew, punto terminal de la línea férrea. Durante tres días prepararon la caballada y  el equipo, y recorrieron la colonia de los Galeses, cuyo principal producto era el trigo. El día 23 contrataron como guía al señor George Hammond, natural de las islas Malvinas, quien era un gran conocedor de la región; los peones bajo su dirección fueron galeses y, como escolta, iban cuatro soldados del Regimiento 6. El equipaje y demás elementos se transportaron en dos carros.

            Pasaron esa noche en Gaiman, pueblito puramente galés y pintoresco. Todo el día 24 transitaron entre trigales y alfalfares, fertilidad que contrastaba con la  aridez de la parte alta del valle. El 25 dejaron el valle y la colonia internándose en el desierto, para seguir el camino que los llevaba hacia la cordillera; en ocaciones el camino se apartaba del río, obligando a marchar día y noche debido a la escasez de agua. Ven lagunas de agua salada donde abundan los cisnes y encuentran guanacos, avestruces y liebres patagónicas (maras) en gran cantidad, que resultan de fácil caza y el único alimento disponible en esta parte de la excursíón, la más penosa, la más incómoda y menos interesante. Soportaron frecuentes vientos huracanados, excesivos calores de hasta 39º a la sombra, tábanos y nubes de mosquitos zancudos... Por lo general acampaban entre sauces, a la orilla del río donde había abundancia de truchas, de suave y agradable sabor.

            El día 29 llegaron al valle de Las Plumas, encontrando un boliche  cuyo dueño operaba la balsa para el cruce del río. También se encontraron con un chalet al etilo noruego donde residía el naturalista suizo Delessert, pasando la jornada en su compañia. En las barrancas cazan un puma, cuyo sabor resultó agradable, similar al del cerdo. Continaron viaje hacia el oeste, por el extenso desierto, por donde los guanacos andaban en tropillas de a miles, y por donde presenciaron el combate entre un puma y varios guanacos defendiendo a su cría.

            Para el 11 de enero, llegaron a la cordillera, a un fertilísimo valle donde confluyen los ríos Senguerr y Genoa, donde la gramilla alcanzaba el vientre de los caballos, y existían mantos de frutillas "más ricas que las cultivadas".

            ¿Qué mejor "guía" para andar por estas latitudes, que un cacique tehuelche? y sí, el cacique Kankel, de ilustre abolengo, los llevó a cazar con boleadoras, experto en ello ya que vive de la venta de cueros y plumas. Costearon la margen norte del río Senguerr para llegar, atravesando bosques y pantanos, al lago Fontana, donde acamparon durante 18 días aguardando a los mansos huemules. Otra cacería interesante fue la que las vacas salvajes. Navegaron el lago en varias direcciones; recorrieron el valle de Aysén; escalaron el cerro Katerfeld y llegaron al lago La Plata guiados por Steinfeld, su descubridor.

            Ya en febrero, se dirigieron al norte pasando unos días con las tribus de Sacamata y Salpú, donde presenciaron un Camaruco, durante el cual se incorporaron integrantes de la tribu de Sayhueque. Escribió Anchorena que al presenciar tal espectáculo, el Camaruco, "pensaba con horror en aquellos remotos tiempos de suprema corrupción en que el mundo antiguo sentía sobre sí como una maldición de los cielos, el azote de todas las miserias, el baldón de todas las vergüenzas". (?)

            Después de cruzar a nado el río Corcovado, permanecieron unos días en uno de los campamentos de las comisiones de límites, que en esa época trabajaban a pleno en la región, conociendo los preciosos laguitos al sur de Río Pico. Pasaron por Tecka, donde poblaba la indiada de Foyel, para alcanzar el río Corintos donde los lavaderos de oro ya habían sido abandonados.

            El 20 de febrero, ingresaron al valle 16 de Octubre, siendo huéspedes de don Martín Underwood. La familia Roberts los agasajó con un pic nic en una de las cascadas Nant & Falls "bautizada", en esta oportunidad, como "cascada Lavallol". Organizaron una cacería de baguales por el río Futaleufú y de regreso, apresuraron su marcha para evitar un colosal incendio de bosques.

            Abandonaron el valle por el boquete Nahuel Pan, el 5 de marzo, dirigiéndose hacia el norte pasando por las estancias Esquel, Lepá, Leleque y Maitén. Se desviaron para conocer El Bolsón y, vuelta al norte, llegaron a Bariloche pasando por Ñorquinco.

            Realizaron una excursión hasta los lagos Moreno y Gutiérrez. A bordo del vapor "Cóndor", fueron de cacería a la isla Victoria, acompañados por Emilio Frey. Permanecieron unos días cazando cabras salvajes, que las había en abundancia, y los vecinos bautizaron "puerto Anchorena" al fondeadero de la isla, en su honor. Llegaron a Puerto Blest, cruzando a Chile por el paso Pérez Rosales, hasta Peulla.

            A partir del almacén viejo de Jones, en la boca del Limay, partieron sobre una balsa construída al efecto, río abajo, alcanzando la confluencia con el Neuquén en apenas nueve días. Aquí se encontraron con el perito Moreno que viajaba hacia Bariloche a lomo de mula.

            Abordaron el tren hacia Bahía Blanca y Buenos Aires, donde arribaron el 3 de abril de 1902.

            Si bien se trató más de un safari de caza que de un recorrido turístico, el territorio cubierto por Anchorena fue enorme, lo sería aún hoy. El libro que publicó en junio de 1902, con el agregado de numerosas fotografías, sin duda alentó a nuevos "turistas" a conocer Patagonia.

Fuente:  "Descripción gráfica de la Patagonia y valles andinos" por Aaron de Anchorena. Publicado por la Compañía Sud-americana de billetes de Banco, Buenos Aires.

Mervyn Evans / mervynfelin@hotmail.com

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ALFREDO SAHDI, EL ACTOR TRASHUMANTE DE LA PATAGONIA, EL SEÑOR DEL RADIOTEATRO

"Hombre por mi padre, argentino por mi Patria y patagónico porque lo elegí yo"; así se definía a sí mismo Alfredo Sahdi, el gran creador del radioteatro patagónico. Nació en Bahía Blanca el 6 de marzo de 1924 y llegó a Comodoro Rivadavia en 1948, como dibujante de la Secrectaría de Obras Públicas. Al poco tiempo comenzó su carrera en LU4 Radio Patagonia Argentina, con la obra "Allá en el Balalaika". Desde ese momento su voz y sus personajes estarían presentes en todos los hogares de la región.
"Yo desde la primera vez que subí a un escenario, no lo dejé nunca más, y creo que fue a los doce o catorce años, en Bahía Blanca, en un barrio, en Villa Mitre... A los quince años, ya tenía mi propia compañía, ahí nomás en Villa Mitre", recordaba en una entrevista. Luego pasó por Neuquén y por Bariloche, junto a su inseparable compañera y colega, la locutora y actriz Linda Cristi.
En Chile -donde vivieron tres años- fueron muy bien recibidos; así lo relataba: "llegamos y al día siguiente fuimos a una compañía de radioteatro, y cuando dijimos que éramos argentinos, que veníamos de hacer radioteatro en Argentina nos contrataron inmediatamente. Por qué? Porque nosotros estábamos acostumbrados a estar en la radio, poner el libreto sobre el atril, se prendía la lucecita y salíamos al aire en vivo. Ellos grababan todo, porque cuando nosotros teníamos aquellos grabadores antiquísimos que eran de aluminio, ellos tenían los grabadores a cinta, profesionales; ese sistema de grabación los acostumbraba a equivocarse a cada rato, total borraban y grababan de nuevo". "Linda y yo -contaba el actor- leíamos a primera vista y ellos se asombraban de que nunca nos equivocáramos. Decían que esa era la costumbre argentina de leer a primera vista, directamente al micrófono".
"Deseamos ser queridos, el teatro es una manera que el público nos quiera, es una manera masiva de sentirnos queridos, apreciados, aplaudidos, no por un ego tonto sino porque es el elemento nuestro, del artista: el aplauso", explicaba este actor de raza, y fundamentaba la importancia del teatro como vehículo de cultura: "el pueblo que no se lo educa, el pueblo que no lee por razones de incultura, de tiempo, ese pueblo no lee; entonces considero al teatro un libro abierto, destinado a un público popular".
Río Mayo, Aldea Beleiro, Ricardo Rojas, Lago Blanco, Paso del Sapo, Lagunita Salada, Río Chico, Cushamen, Gan-Gan, Gastre, Perito Moreno, Koluel Kaike, Fitz Roy, Calafate, Puerto Deseado, Ingeniero Jacobacci y toda la provincia de Río Negro, parte del norte Argentino, Chile y Perú... Aquellas giras interminables marcaron la vida del actor errante que puso risas y emoción en miles de espectadores con títulos como "Ante Dios todas son madres", de Luis Albarracín; "La tercera palabra", de Alejandro Casona; "Tijereta Vizcacha el terror de las muchachas", de Nélida de Mendoza; "Juan Moreyra", de Eduardo Gutiérrez; "El negro que tenía el alma blanca" y "El ciego que habló con Dios", de Luis Pozzo Ardizzi; "El inglés de los mirasoles", de Roberto Valenti; "Cuando los hijos se van", de Juan Villagra y sus obras infantiles como "Tony Cachirulo y el Payaso Caramelo". La película "Allá donde el viento brama" -una emocionante historia basada en hechos reales, sobre el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia y la vida de aquellos pioneros- dirigida por Ralph Pappier, lo contó entre sus intérpretes. En Chile participó en el filme "El Gran Circo Chamorro", dirigido por Rafael Fontaura.
Linda Cristi, la esposa de este pionero de la escena patagónica recuerda que "íbamos a todos los pueblitos, hasta a aquellos donde no llegaba ningún espectáculo. Cuando llegaba Alfredo Sahdi con su compañía todo el mundo iba al teatro; le llevábamos alegría, cosas simples. Nosotros trabajábamos con teatro argentino con temáticas que hacían referencia a los problemas de la vida cotidiana, incorporando lo cómico, era cuando Alfredo hacía de soldadito, de paisanito, era bárbaro... yo he tenido que irme del escenario porque me moría de risa; es que nosotros tambien nos divertíamos. Alfredo siempre decía que si no nos divertíamos nosotros, cómo íbamos a pretender divertir a los demás".


ANECDOTAS DE UN TRASHUMANTE
* "Una vez que estuve en un hotel en Los Antiguos (Santa Cruz), se acerca una señora dueña de una estancia cercana, y me dice: -¿sabe que por culpa de usted tuve un doble gasto en Buenos Aires? Porque los peones me comenzaron a decir que querían una radio a pila, porque querían escuchar la novela. Así que tuve que comprar catorce radios chicas porque ellos iban o estaban en el campo, arreando el ganado, y cuando era la hora escuchaban la novela"...
* "Había obras como Juan Moreyra, que tiene cuatro o cinco decorados que había que cambiarlos según la escena: la Alcaldía donde va a ir preso él o el patio. Había que preparar todo muy bien porque nos encontrábamos con chicos de dieciocho años que por primera vez presenciaban una obra de teatro. Mujeres y hombres grandes que nos preguntaban si íbamos a poner la radio fuerte ahí o tenían que traer las sillas; ellos vivían en el campo y nunca habían presenciado espectáculos teatrales"...
* "Mi padre vivía en Bahía Blanca, y cuando murió yo estaba haciendo "El galleguito de la cara sucia". Estaba en el camarín, viene un señor del teatro y me dice: -Alfredo, tienen algo para vos-, y me entrega un telegrama, que decía: "murió papá". Yo guardo el telegrama y esa noche hice la función como si nada hubiese pasado. No había otra solución, estaba el teatro lleno, qué le importaba a ese público que yo tuviera un dolor. Sahdi tenía el dolor, el galleguito de la cara sucia no, así que salí e hice la obra, y después lloré, y al otro día viajé a Bahía Blanca. Pero el teatro tiene que continuar; más aún, habiendo más de diez personas, once, es obligación moral del artista hacer la obra. No se le puede decir a las personas que vuelvan a su casa, por más que esperaba doscientos o trescientos y entraron diez... igual hacía la obra"...
* "Decir Alfredo Sahdi en el interior de la Patagonia, en un pueblo de Santa Cruz o de Chubut era suficiente para que se convocaran todos. Llegábamos a un pueblo, dábamos dos vueltas con el parlante para anunciar la presentación de la obra y todos se preparaban para la función. Inclusive si había pueblitos donde la luz la cortaban a las once de la noche, cuando llegaba Alfredo Sahdi, la extendían hasta la una de la mañana; era toda una fiesta en el pueblo... Llegar con Alfredo a un pueblito del interior era como estar con Gardel. No lo conocí personalmente a Gardel, pero Alfredo era Alfredo Sahdi, el Gran Alfredo Sahdi, todo el mundo nos abría las puertas de sus casas. Actuamos para reservas indígenas cerca de Esquel, en el medio del campo, donde la gente venía a caballo, allá en El Hoyo. Era muy gratificante. No llevábamos a Shakespeare ni nada complicado; trabajábamos obras gauchescas, para reírse: Ceferino Namuncurá, La Difunta Correa, Ante Dios todas son madres, obras para que el público pudiese divertirse una o dos horas sanamente y llorar y reír a carcajadas" (Miguel Guerrero, actor).
* Por razones de economía, Alfredo Sahdi viajaba con un elenco reducido. En los pueblos convocaba a algunos vecinos para completar los personajes. Así sucedió en una oportunidad, cuando llamó a un muchacho muy conocido. Tenía que entrar en escena y decir: "me entrego comisario". Alguien del público le gritó: "No te entregués, Lopecito" y entonces él se olvidó de su papel actoral y extrajo el facón, diciendo: "No me entrego nada!". Ahí tuvieron que cerrar el telón, y el actor decía: "no sé qué me pasó, don Alfredo...".
*"Cierta noche estaba en Bariloche haciendo Juan Moreira, fui al teatro Extremador, que es el salón más grande de todo el sur argentino. Estaba haciendo Juan Moreira seis veces a teatro reventado, localidades agotadas y por ahí viene un chico de dieciséis años y me dice: Señor Sahdi, hay una señora que lo quiere ver. Se trataba de la directora de una escuela con internado que me invitaba para que fuera a presentar esa misma obra allá, y acepté. Entonces le pedí que pase el aviso por radio y fue así: "Atención... Llega por primera vez Alfredo Sahdi y su compañía. Emoción, risas, carcajadas con Juan Moreira". Fuimos hacia allá y cuando llegamos había dos chivos al asador por un paisano, que eran dos bronces, así que nos bajamos y luego de los besos y los abrazos. Empezamos a cmer en la cocina del internado, una cocina grande. Eran como las cuatro de la tarde y dábamos la función a las cinco y media porque después hay que maquillarse, armar el decorado, luces, sonido... y le dije: ¿estás segura, querida, que vendrá gente hoy?. Porque ella decía que todos los pibitos del internado andaban jugando con los palitos, como Juan Moreira. Pero yo dudaba del éxito porque no venía nadie. Era todo un desierto. Al rato la directora me pide que mire por la ventana; me asomo y afuera había más caballos y gente que los que trajo Roca para la Campaña del Desierto... Chatas, sulkys, camiones, pero cualquier cantidad de gente. Gente que está perdida en la Cordillera y que querían ver el teatro. Esa noche se presentaban los hijos, se presentaban entre ellos los paisanos, se saludaban las familias. Claro... si no se veían por años, estaban metidos por leguas a la redonda, por ahí... En casi todos los pueblos sucedía algo parecido. Por ejemplo, cuando iba a Paso del Sapo, Lagunita Salada, las chicas decían: -Señor Sahdi, el baile... después de la función haga baile. Así que luego de la función, a buscar una guitarra, un parlante, discos, cualquier cosa para animar..." (Testimonio de Alfredo Sahdi, año 2000)

REFLEXIONES DE UN ARTISTA
"Yo creo que Dios nos dio dos horas, dos horas al día, para hacer lo que nosotros queramos. Esas dos horas yo las aproveché para hacer teatro, para sentirme durante esas dos horas otra persona. Para dejar de ser, por esas dos horas, Alfredo Sahdi, y darle vida a otro ser, con sus problemas, sus angustias, sus dramas, sus ternuras, sus dolores... todo. Dejar de ser yo... y es maravilloso eso: dejar de ser uno mismo por dos horas para ser otra persona, darle vida a otro ser"... (Alfredo Sahdi, actor)

(Datos y testimonios tomados de "Un anfitrión de la vida", por Lidia Armanda Lucero y Paula Carmen Uviña, revista "Cono Sur", de Comodoro Rivadavia -director: Emilio Said José y anécdotas relatadas por Alfredo Sahdi al recopilador de estos Cuadernos Culturales)


DORA RODRIGUEZ DE ALEMANY
El 24 de agosto del 2003 falleció Dora Rodríguez viuda de Alemany.
Aunque sus padres y abuelos eran españoles, a ella le tocó nacer en un pueblito perdido de la Patagonia. Y aunque luego vivió su infancia, la única patria posible, en España, siempre fue argentina.
A su funeral vinieron amigas que había hecho setenta años atrás cuando con ellas compartió refugio durante los bombardeos de la Guerra Civil española iniciando una amistad que se mantendría luego aunque pasaran décadas sin verse.
Nació en Las Heras, el mismo pueblo en el que nací yo. Y su marido Pepe de ascendencia también española, nació en otra localidad hoy desaparecida de Santa Cruz. Podía haber sido cualquier otro día pero no, fue un 27 de Enero, el mismo de mi nacimiento. ¿Casualidad? Yo prefiero pensar en otro rasgo delicado de la Providencia que había dispuesto unir nuestras vidas desde entonces.
Puesto que los hijos se paren tanto con el vientre como con el corazón, Dora fue mi madre. Junto con Pepe, fueron mis padrinos de bautismo, mis padres y mis principales ejemplos de vida.
Su madre Amparo, sus hermanos Julio y especialmente Pocho, fueron mi familia y mis maestros en esta compleja tarea de vivir.
Trabajó duramente, durante cuarenta años, atendiendo el por muchos recordado almacén Arco Iris, por la mañana y por la tarde. Entre medias encontraba tiempo para cocinar y en el verano para llevarme caminando a la playa. Por la noche se encargaba de la documentación del negocio. Fue siempre el pilar fundamental en que se apoyaba la familia y su mayor ilusión fue que terminara mi carrera de médico. Posiblemente ése fue su principal motivo de orgullo. Pero no fue mío el mérito mayor, sino de ella, de su increíble capacidad de trabajo y de animarme cuando alguna vez estuve a punto de abandonar la carrera. Ciertamente casi todo lo que soy y lo que pueda ser se lo debo a Dora.
Fue una buena persona. De su falta de rencor, para mí excesiva, se aprovecharon muchos que le dejaron cuentas sin pagar. Sin embargo a más de uno volvió a darle crédito sin importarle que tuviera todavía deudas sin saldar.
Pasó sus últimos años en Pinto, a las afueras de Madrid, adonde vine hace diez años para perfeccionarme en mi profesión, y donde me encontré con la que sería la madre de mis hijos. Podría haber ido a otro país, pero ahora veo que ya había movido Dios los hilos para que viniera a España. Disfrutó con mayúsculas el cariño de mi hija y del resto de mi familia. Creo que tuvo una buena vida, que Dios la premió con una buena muerte, y la eximió del deterioro terminal de una enfermedad de la que había sido operada muchos años antes. Murió mientras dormía.
Ahora debemos recordarla como decía Maëterlink sin tristeza y sin temor. Los muertos no necesitan lágrimas sino un dulce afecto. Necesitan que les quieran tanto como los vivos. Mueren no en el instante en que se hunden en el sepulcro, sino lentamente cuando sobre ellos se acumula el olvido.
Y como gracias a Dora soy creyente, su principal legado; estoy convencido de que volveremos a encontrarnos en otro sitio, algún día. Eso atenúa la tristeza.
Vicente Herrera / Madrid, España


EL DIA QUE VOLCO EL OMNIBUS MUNICIPAL
El 12 de enero de 1964, viajando hacia Caleta Olivia, vuelca el ómnibus municipal que llevaba la delegación de futbol del Club Deseado Juniors. Se trataba de un viejo omnibus Ford 46 que Francisco Bach había traído desde Río Gallegos para la Municipalidad, y había comentado que como la dirección era muy dura, era difícil de manejar y que según quien lo manejara era posible que lo volcaran.
En ese viaje Oscar Vega le comentaba a Santiago Santos, que iba sentado a su lado: «en cualquier momento volcamos», aludiendo a algunas maniobras no muy normales que ocurrieron antes de llegar a Jaramillo, a unos 10 km después de Fitz Roy, y como comentario a otra maniobra un tanto brusca, Alberto Baztán, que vivía frente a la casa de Aguilar -el chofer municipal- le dice: «Dale, Aguilar, vos sos el crédito de la calle Piedra Buena, Araña, nunca llevaste tantos muertos juntos, sos el ganador de la etapa Municipalidad-Cementerio», aludiendo jocosamente a que Aguilar también era el chofer del coche fúnebre en esa época.
A aproximadamente 30 km. de Fitz Roy se desprende el cardan, que al clavarse en el suelo catapultó el viejo ómnibus hacia afuera, volcando prácticamente sobre una mata, quedando con las ruedas hacia arriba. Las delanteras, porque las traseras se habían desprendido.
La carrocería prácticamente se abrió por un costado y los asientos de madera se arrancaron. Uno de los primeros en salir fue Abel Reyna (goleador de la segunda división), que apagó un principio de incendio. Le tocó justo a él que era bombero.
Luego salió Vergara por el parabrisas. Era un muchacho muy amigo de Argirópulos, al que éste llamaba afectuosamente como «Caracol», que no jugaba pero acompañaba la delegación. Este hombre luego fue bombero. Santiago Santos buscó a su hermano Martín y salieron por lo que hace unos instantes habían sido las ventanillas. Oscar Vega vé desde adentro a su hermano que ya estaba afuera y Horacio, su hermano, lo recibe sacudiéndole la tierra que tenía en su espalda, y así empiezan a salir todos.
El último en salir fue Eduardo Clivio, ante la preocupación de Oscar Vega, ya que este pibe había viajado con ellos y era hijo del delegado del Club ante la Liga Norte de Santa Cruz (Eduardito Clivio falleció en Colombia luego de una operación).
El viejo ómnibus iba lleno y en el pasillo sentados en butacas iban Eduardo Clivio y el hijo de Aguilar, el chofer. Creo que en total eran 36 personas, integrantes de la delegación, jugadores de primera y segunda división.
Al volcar se desprenden los asientos, y Argirópulos y Navarro (el masajista) que venían sentados al fondo, aparecen al lado del chofer. Por eso a partir de este episodio, siempre se sentaron en los asientos que están atrás del chofer. El bastón de Navarro, que tenía un género en el mango, quedó balanceándose colgando del piso, que ahora estaba arriba, y recuerda Horacio Vega que al abrirse el botiquín, la tijera también quedó clavada en lo que ahora era el techo.
Los muchachos se echaron en la cuneta esperando que llegara alguien, y llega Ramonín Fernández acompañado de su esposa y su madre. Al verlos echados piensa que había heridos, pero Horacio Vega los tranquiliza, sobre todo a la madre de Ramonín, informándoles que no se había lastimado nadie. Por suerte nadie se accidentó. Juanito González se golpeó una mano y Juan Mella («Chonchi») se hizo un corte en un talón.
Este fue el primer y último viaje de aquel viejo ómnibus Ford 46. El viaje siguió en las camionetas Ford 350 de Felix Maigan y Mitre Michunovich. Jugaron en Caleta Olivia contra Huracán y ganaron en Primera, y creo que empataron en Reserva. Fue un viaje con momentos dramáticos y un final feliz.
Entre los que viajaban estaban Alberto Baztán, Juan Mella, Guillermo Urzúa, Juanito González, Santiago Santos, Martín Santos, Oscar Vega, Horacio Vega, Raúl Apesteguía, Miguel Angel Murtagh, Demetrio («Bota») Argirópulos, Navarro (el rengo), Abel Reyna, Caracol Vergara, Eduardo Clivio, Aguilar el chofer y su hijo.
(Recopilación de datos y redacción: gentileza de Carlos Roberto Santos).

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 HISTORIAS DE VIDA

MEMORIAS DE MARÍA CONCEPCIÓN SIERRA

 

                        María Concepción Sierra Viuda. de Ramos vivió los últimos años de su vida en un hogar de ancianos privado, en Comodoro Rivadavia, donde pasaba los días charlando con las enfermeras, los amigos y sus visitas. Falleció el 24 de agosto de 2003, a los 107 años de edad.

                        Había transcurrido la mayor parte de su larga vida en Puerto Deseado, y entre su interesante historia, que ella recordaba con una memoria sorprendente, se mechan trozos de la historia de esta parte del sur de la Patagonia. A veces, sólo a veces, se quejaba de aburrimiento, “no se puede hacer nada con tanto viejo alrededor”, mascullaba mientras caminaba por los jardines del asilo.

                        Los domingos -días de más visitas- se engalanaba como para una fiesta y daba charla a quien quisiera oírla. Los ojos vivaces, la lengua ágil y una memoria inmune a los embates del tiempo, hacen de ella un referente obligado para comprender la historia de Puerto Deseado (Santa Cruz), donde pasó la mayor parte de su vida.

                        Llegó a la Patagonia en 1917. Había dejado atrás su Campo Redondo natal, en la provincia de Palencia, España, para encontrarse con su hermano Benigno que estaba en Deseado desde hacía nueve años, “ganándose la vida”. Su aldea consistía en un conjunto amontonado de chozas de piedra y barro, rodeadas de montañas y montes. Tal vez, por eso lo primero que la impresionó al llegar fueron las desparramadas casas de chapa. “Ya las había visto en Comodoro, cuando bajé del barco... Si había una docena era mucho...”.

                        En 1918 se casó con Miguel Ramos y tuvo a sus hijos Marcelo y Miguel. Al poco tiempo fue a trabajar a la estancia de Emilio Petersen,  gerente del ferrocarril.

                        Durante sus años en el campo realizó faenas rurales, al tiempo que trabajaba en la cocina de la casa principal. Su rutina solo se vio interrumpida por las huelgas de 1920 y 1921.

                        Volvió al pueblo en 1930. Allí comenzó a vivir de una chacra que consiguió y por casualidad, del cuidado de chicos que iban a la escuela. “Don José Sequeiro tenía a sus hijos Tato y Emilio estudiando con los curas, pero Tato se enfermó. No quería llevarlo a la casa para no perder el año, entonces me pidieron si yo lo podía tener... me sorprendí...

Era mucha responsabilidad... pero les dije que si no tenían problema con la comida estaba bien, del aseo me encargaba yo...Bueno, vino Tato y después Emilio y después vinieron otros... Fueron casi treinta años luchando con chicos...”

Puerto Deseado de principios del siglo XX acaparaba sus mejores recuerdos. “En el 30 era un pueblito tranquilo, toda gente europea, toda gente muy bien... pasábamos unas fiestas hermosas, espléndidas... todo muy familiar...los corsos eran muy alegres, muy lindos, de pueblo chico... Los mejor era los bailes en la Sociedad Española...hubo uno, para carnaval, que no tuvo comparación. El disfraz más bonito fue de una chica que se vistió mitad de novio y mitad de novia, después eran todos trajes de fantasía...muchas disfrazadas de holandesas...hubo un grupo que se disfrazó de boda...él estaba de frac y galera, era muy alto, y su novia apenas le llegaba al pecho, tenían seis pajes de cada lado, todos hombres vestidos de mujeres, con guirnaldas, capelinas, vestidos de encajes de todos colores, con zapatos altos con rosas...eran hombres duros, unos gordos, otros flacos...el que hacía de cura tenía un traje negro, un muchacho lampiño, tenía letra y empezó a hablar y  hablar, dando un sermón, sin papel y sin dada en el escenario...era para morirse de risa, pero todos escuchábamos serios...”.

                        El ajetreo del pueblo se concentraba en el ferrocarril y en la playa, con los barcos que traían mercaderías para La Anónima y los que se llevaban los capones faenados. Cuenta María Concepción que “...los barcos eran muy grandes, de  unos 150 metros...no cabían en el muelle...cargaban la carne en abril y mayo, después se iban para el norte, no quedaba nadie...solamente una custodia en el frigorífico...”.

                        Bajo los influjos de la lana y el ferrocarril, el pueblo creció, los comercios se multiplicaron y la población aumentó. Muchas cosas ocurrieron, y María Concepción Sierra puede dar cuenta de todas ellas. Después de todo su vida siguió un aventurero itinerario por tres siglos de historia patagónica.

 

LAS HUELGAS DE 1921

                        Las huelgas en la zona de Puerto Deseado entre los años 1917 y 1921 se enmarcaron en un movimiento mucho más amplio que afectaba a todo el territorio de Santa Cruz. Si bien hubo otras huelgas anteriores, en las que se reclamaban mejores condiciones de vida y salarios, los nuevos reclamos tenían, amén de su arista salarial, un fuerte trasfondo ideológico: los líderes defendían ideas socialistas y anarquistas. Tal vez por ello la represión fue más enérgica que en las ocasiones anteriores y el resultado fue de numerosos peones fusilados.

María Concepción Sierra supo de las huelgas cuando trabajaba en la estancia de Petersen, a unos 100 kilómetros al oeste de Fitz Roy. Allí vivía en una casa de piedras y chapas en medio de la meseta santacruceña, junto a su esposo Miguel Ramos y sus dos hijos: Miguelito y Marcelo.                     

            Recuerda que “la huelga del 21 fue brava, mataron mucha gente en el campo...nosotros estábamos muy asustados porque estábamos entre dos fuegos...nos habían dicho que los huelguistas ya venían de Las Heras, pero habían saqueado La Anónima de Perito Moreno y arreaban la gente de las estancias sin ton ni son...se llevaban los caballos y los peones...bueno, yo estaba enferma, media anémica y una noche, a eso de las tres de la mañana golpean mi puerta...estábamos mi viejo y yo y mis dos nenes, el más chiquito lloraba, yo sentía la muerte entre los dientes...el que golpeaba era Don Leoncio, un español que nos venía a avisar que se venían los huelguistas,  que estaban llevando gente  y quemando casas y que entonces él se iba a llevar a sus hijos al sótano de la estación porque allí no los iban a encontrar...mi viejo agarró el quillango y se fue a esconder a los cañadones y yo me quedé solita con mis dos hijitos...pasé la noche sentada sin pegar un ojo y a la mañana bien temprano me subí a una lomada a ver si veía algo, y nada, ni un pajarito volaba...cuando regreso a la casa me estaba esperando Don Juan, el administrador de la estancia y me pregunta “¿Qué pasa?”, le cuento y él que se asustaba hasta de las moscas me miró medio desesperado, entonces le pedí que me llevara a una estancia vecina, a lo de Brígida, para no estar sola...me llevó y se quedó con nosotras...cada tanto salía al campo a pispear y volvía todo asustado, veía una mata y creía que era un jinete, se agarró un susto bárbaro...así pasaron ocho días sin novedades...después nos enteramos que vinieron los de gendarmería en unos barcos chiquitos y muy rápidos...eran como 200 gendarmes, o más...los huelguistas habían saqueado La Anónima de Truncado y lo que no se pudieron llevar,  lo repartieron entre la gente...mientras tanto los gendarmes acamparon en el campo de un italiano y le comieron todos los corderos...eso sí, peón que encontraban, al matadero, al igual que con todo el que no era conocido...mataron mucha gente, los huelguistas y los gendarmes, al que veían a caballo, pum, pum...después todo quedó tranquilo y seguimos haciendo la vida de costumbre en la estancia...”.

CCD

 

CLAUSURA RAMAL DESEADO-LAS HERAS

Una gran injusticia y la destrucción de un gigante

Por Pedro Urbano

 

El 15 de enero de 1978, la Ciudad de Puerto Deseado y en particular los ferroviarios y sus familias, recibían una de las noticias más tristes:SE CLAUSURABA EL RAMAL DESEADO-LAS HERAS

Un impío Decreto del Gobierno de facto del General Videla, cuyo Ministro de Economía era  José Alfredo Martínez de Hoz, arrojaba al abismo  70 años de intensa labor y ejercicio de soberanía nacional.

En escueta y fría letra, se cerraba el sueño de Ezequiel Ramos Mexía: ”De acuerdo a lo dispuesto por Resolución P.Nº 2101/77 de Ferrocarriles Argentinos, a partir del día 15 del cte. mes quedará definitivamente clausurado para todo tráfico ramal Patagónico Deseado Col.Las Heras.

Estaciones acusarán recibo a su Jefatura de Zona””

Ya no se escucharía más el entrechocar de los paragolpes de los vagones, el pitar de la locomotora, la ronca bocina del Coche Motor y el tañir de las campanas de las estaciones, anunciando las llegadas y partidas.

Paradójicamente, la historia es cruel, ¿sabría este Ministro, que los Ferrocarriles son fundadores de pueblos y que en el caso de Deseado-Las Heras, su bisabuelo importo la bascula de pesar vagones, que como mudo testigo, ostenta la placa de la familia Martínez de Hoz?.

Nuestro ferrocarril fue efectiva herramienta en el desarrollo de la región, transportando: Lana; Hacienda en pie; Agua para la población entre 1913 y 1947; Mineral de Plomo de Chile; Equipamiento para la “Batalla del Petróleo”, iniciada en Puerto Deseado en el año 1958 por el Presidente Arturo Frondizi, a través de nuestro excelente Puerto, según lo reflejado en los periódicos de la época; Efectivo y seguro traslado de pasajeros, durante todo el año; Correspondencia; Encomiendas; Cargas Generales y el servicio telegráfico y telefónico vía de comunicación con el MUNDO.

 

DESTRUYENDO CASI TODO

Pero esto no sería todo: en la primavera de 1980, asistiríamos impotentes al “ desguace” total del material rodante, locomotoras, vagones, furgones, plataformas, mutilados como parte de nuestro propio cuerpo y cargados en camiones como chatarra con destino a fundición.

Luego el olvido, durante 25 años, la indiferencia, el saqueo, y destrucción de lo que quedo de este gigante.

A partir del 20 de septiembre del 2003, un soplo esperanzador  moviliza a la familia ferroviaria de Puerto Deseado, constituyéndose en “ASOCIACIÓN FERROVIARIA 20 DE SEPTIEMBRE”, realizando la EXPO- VIA,   1ra.Exposición Ferroviaria en la Estación del Ferrocarril, que continua con fervor, manteniendo en vigencia una muestra-museo, que desde entonces es visitada en forma inusitada, no solo por los vecinos y estudiantes, sino por turistas de muy distintas partes del mundo.

 

CCD

INFORME ESPECIAL PARA EL RECUERDO Y LA EMOCION

1884- Puerto Deseado -1984

EL CENTENARIO: LA FIESTA INOLVIDABLE

                En 1983, ante la convocatoria del intendente municipal Lucio Jesús Ibiricu, la comunidad de Puerto Deseado constituyó la "Comisión Centenario 15 de Julio", con el objetivo de organizar los festejos del primer siglo de la fundación de aquella "colonia pastoril" iniciada por el capitán Antonio Oneto el 15 de julio de 1884.

                Aquella comisión quedaba presidida por José Antonio Pérez, acompañado por Adriano Blanco (vicepresidente), Osvaldo Chamba (secretario), Sergio Vargas (prosecretario), Roberto Alvarez (tesorero), Duilio De Ferrari (protesorero), y los vocales: Otto San  Juan, Adolfo Fasioli, Epfraín Barnetson, Marcelo Fabián Gómez y Miguel Almonacid. Durante la primera etapa fue designado Rafael Gómez Wilson como delegado municipal ante la comisión, tarea que cumplió posteriormente Mario dos Santos Lopes.

                Numerosos espectáculos fueron sucediéndose en el primer semestre de 1984. Entre ellos, la presentación de las obras de teatro "El cuento de miseria" (Emiliano Navarrete, Mauricio Brunetti, Darío Brunetti, J.J. Juanola, Roberto Sarchi, Beatriz Soto, Marta Andrea Mesa, Andrés Castro, Franco Brunetti, Cecilia Cortez, Cecilia Crucich, Pablo Noriega, Néstor Jolly, Roberto Petrusic, Claudio Risco, Susana Cortez, Marta Molina, Doris De Labra, Celia de Mosca, Nora Babruskis), "Prohibido suicidarse en primavera" (Estela Bach, Miguel Almonacid, Alejandra Botto, Claudia Leal, Rubén Viusen, Domingo Baio, Gustavo Lezcano, Raúl Galarza, Ramón Pérez, Vivian Burgi, Mario Azcurra, María Delia Luzzi, Adela Mosca, Emilse Mosca, Adriana Burgi, Anabel Burgi, Jorge Alegret).

                El sacerdote salesiano, historiador, Natalio Astolfo ofreció una ilustrada conferencia sobre la personalidad del capitán Antonio Oneto, en el salón de la Sociedad Rural. El escritor santacruceño Héctor Rodolfo Peña brindó una charla sobre "La literatura en el momento actual". El capitán de navío Enrique González Lonziéme -director del Museo Naval- disertó sobre "La expedición de los hermanos Nodal".  La licenciada Margarita Aguerre de Gradín expuso sobre "Arqueología santacruceña".

                La Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia donó una colección completa de la valiosa revista "Argentina Austral" que esa empresa publicó desde 1929 hasta 1968. Este material está custodiado celosamente en la Biblioteca Municipal Florentino Ameghino. Artistas nacionales y regionales  de primera línea actuaron en el Cine Teatro Español y Jackaroe; entre ellos, Ariel Ramírez con Angela Irene y Domingo Cura, Markama, César Isella, Edda Díaz. La troupe de los legendarios "Titanes en el ring" colmó el gimnasio de la Escuela 5.

                Un importante certamen de preguntas y respuestas titulado "Qué sabe Ud. de Puerto Deseado?", con numerosos premios donados por empresas y comercios locales fue organizado con éxito por el semanario "El Orden" cuyo director, José Antonio Rodríguez, presidió las ceremonias de premiación de los ganadores. El Correo emitió un sello conmemorativo del centenario, y numerosos diarios y revistas de todo el país se hicieron eco de las celebraciones, subrayando los principales acontecimientos de la historia local.

                Después de un año de preparativos, una multitud colmó, la noche del 14 de julio de 1984, las instalaciones de la Escuela nro. 56, en el barrio "Centenario", recientemente inaugurado. Llegaron invitados desde la Capital Federal, Cipoletti, Salta, Caleta Olivia, Trelew, Mar del Plata, Comodoro Rivadavia, Gaiman, Puerto Madryn, Córdoba, Río Gallegos, y mensajes de adhesión de todas las localidades de Santa Cruz y de los puntos más diversos del país. El calor humano de aquella noche única fue transmitido en directo por LU14 Radio Provincia de Santa Cruz y por LS5 Radio Rivadavia de Buenos Aires.

                "¿Qué poderoso estímulo impulsó hace cien años a ese puñado de hombres, mujeres y niños a iniciar la historia de estas tierras que miran al Atlántico? ¿Obró en ellos la inspiración, el amor? ¿O fueron quizás las tres cosas juntas? Pues analizando su quehacer, nos damos cuenta de que aún con leyes que en nada atraían a seguir en la lucha, ellos continuaron su trabajo fecundo, forjando las bases que nos permitirán solidificar la posición que Deseado ocupa hoy entre sus similares", reflexionó durante aquella cena el presidente de la comisión "15 de Julio", José Antonio Pérez.

                El intendente municipal, Rafael Gómez Wilson, exhortó a los presentes con estas palabras: "Vecinos, que los diferentes criterios y las vicisitudes de la política jamás nos separen y hagan que nuestros esfuerzos se dispersen; todos queremos lo mejor para nuestra comuna y solamente unidos habremos de lograrlo. Este será nuestro mejor homenaje a quienes hace cien años desafiaron al clima y la soledad de este paraje austral".

                Cerrando la lista de oradores, el gobernador de Santa Cruz, Arturo Puricelli, sostuvo que "vamos a seguir aportando nuestro petróleo, nuestro gas, nuestro carbón, nuestra lana, nuestros peces; vamos a seguir engrandeciendo la Nación. Solamente queremos de esta Nación, el reconocimiento pequeño para que podamos realizar, y como decíamos antes realizarlos para los millones de argentinos que queremos ver poblar esta dilatada provincia".

                La emotiva celebración incluyó la entrega de medallas conmemorativas a antiguos vecinos que cumplían setenta y cinco años de residencia en Puerto Deseado, el corte de una gigantesca torta con cien velitas, la actuación de los cantantes de tango Ana Medrano y Ricardo "Chiqui" Pereyra, y la coronación de Myriam Repetto como reina del centenario.

               

                LOS ACTOS

                El 15 de julio, desde muy temprano, la población deseadense se dio cita en las calles para recibir al presidente de la Nación, Raúl Ricardo Alfonsín. El primer mandatario concurrió al acto en  homenaje a los primeros pobladores, al pie del monumento ubicado frente al puerto local. Allí habló Rubén Martínez Wilson, alumno de 5to. año. "Somos principalmente nosotros, los jóvenes de Puerto Deseado, los que nos debemos prodigar sin desmayos para hacer realidad el objetivo de una ciudad próspera y cabalmente integrada, que rompa amarras para volar hacia el desarrollo material y espiritual, acompañada en su marcha triunfal por todos los pueblos postergados de nuestra querida Patagonia y principalmente de nuestra olvidada Santa Cruz".

                Uno de los actos más esperados fue la inauguración del actual edificio de la Biblioteca Municipal Florentino Ameghino, donde se presentó una exposición pictórica de la artista María Cristina Alegre, una muestra de trabajos del pintor deseadense

Joaquín Alonso -radicado en Gaiman- y  valiosas colecciones del Centro Filatélico local.

                Alfonsín visitó luego el edificio municipal, donde recibió un petitorio presentado por el intendente Gómez Wilson en nombre de la comunidad, y luego concurrió a una misa en la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia. El oficio religioso estuvo a cargo del obispo de Río Gallegos, Monseñor Miguel Angel Alemán, quien, en inspirado mensaje recordó a los pioneros diciendo que "aquella fue una ruda siembra; hoy vemos apuntar los primeros frutos". El prelado prosiguió: "Esa es la lección que este pequeño pueblo de la Patagonia Austral quiere darle a sus hermanos de Santa Cruz, provincia que no ha podido superar aún el calificativo de tierra despoblada por tener menos de un habitante por kilómetro cuadrado. Puerto Deseado le está diciendo a toda la provincia de Santa Cruz que la unión de los débiles alcanza éxitos que fueron imposibles para los poderosos fuertes desunidos. Y le habla también a la Argentina, en esta hora difícil de su existencia".

                "Puerto Deseado -reflexionó el obispo- es una población que ha sufrido mucho. Su historia está marcada por muchas desilusiones. Pero en este centenario nos está predicando que una misma fe y un mismo patriotismo pueden llevarnos a opciones políticas,  económicas, culturales, distintas, pero que el bien común puede tener suficiente fuerza para unir cuando es claramente conocido por todos y así multiplicando las fuerzas obener los objetivos propuestos. Una vez más nos dice que un pueblo unido es un pueblo fuerte".

                "Sé muy bien donde estoy", improvisó el entonces presidente, Raúl Alfonsín, desde el balcón de la iglesia parroquial, coincidiendo con el obispo Miguel Angel Alemán, y proponiendo "pensar en esta tierra como la tierra donde habitan labradores, pescadores, románticos, estudiantes, poetas, sacerdotes que tanto hicieron por su progreso". "Es por eso -subrayó- que antes que nada, deseo decirles algo: el Presidente de la Nación Argentina tiene conciencia de los problemas que es necesario resolver pero, por encima de eso, quiero decirles que el Presidente de la Nación Argentina los admira con todo su corazón".

                El primer mandatario enfatizó que Puerto Deseado "es un símbolo, porque aquí llegaron hombres y mujeres de otras tierras a encontrarse con el indígena, para realizar esta síntesis maravillosa que es impresión cabal de América Latina. Vinieron españoles, italianos, uruguayos a realizar un esfuerzo extraordinario. Y como escuchábamos hoy en el Evangelio de una cosa sí podemos estar seguros: la semilla cayó en la buena tierra, porque ha fructificado en hijos, nietos y bisnietos de los que llegaron un día a realizar ese esfuerzo extraordinario y han ido con el tiempo superando el olvido, superando la injusticia, para colocar hoy a Puerto Deseado en la situación en que se encuentra, en la plataforma de despegue que ya nos permite avizorar un futuro de extraordinario desarrollo".

 

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                UN SALUDO DEL REY DE ESPAÑA

                "Dices a tus familiares y amigos, también a todos los de Puerto Deseado, de Argentina, que estoy con ellos y que les envío un saludo muy afectuoso". Así le expresó el rey de España, don Juan Carlos I, a don César Ramón López González, residente en Oviedo -Capital del principado de Asturias- y con numerosa familia afincada en nuestro medio.

                El mensaje real ha sido recibido en "EL ORDEN" durante los festejos del Centenario y bien puede interpretarse como una evocación a esa vieja colectividad española que, como se sabe, tanto tuvo que ver en la colonización y poblamiento de esta región patagónica. Por ello, lo destacamos con auténtica satisfacción.

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50 AÑOS EN DESEADO

                Tal como se acostumbraba hacer anualmente, pero en esa oportunidad con un sentido muy especial, se concedió una medalla de plata a los vecinos que cumplieron cincuenta años de residencia ininterrumpida en la ciudad. En el año del centenario los galardonados fueron: David Miranda, Ignacio Zizich, Salvador Bach, Carlos Insúa, Walter Pross, José Marsicano, Emilio Fanjul, René Aguilera, Jesús Salemme, Emilio Martínez, Elena Nicos, Josefina Ferrari, Amalia Cantos, Delia M. Fernández, Haydeé  Tubino, Celia L. Rodríguez, Inés E. Fernández, Sergio H. Alvarez, Ana Quaglia de Urricelqui, María Aguilera de Zizich, Duilio De Ferrari, Antonio Roscic, Zvonimir Smoljan, Eliseo González, Gumersindo Barriga, Jacinto Alí y Josefa Fuentes.

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BECA "INDALECIO MURUZABAL"

                Un gesto significativo protagonizaron "para honrar la memoria de sus padres quienes, en los albores de éste siglo, contribuyeron a abrir paso al progreso de la Patagonia", los sucesores de don Indalecio Muruzábal, uno de los primeros comerciantes que se estableció en Puerto Deseado. Santos Muruzábal, Rosa Muruzábal de Guassch, Angela Muruzábal de Westerkamp, Márgara Muruzábal y Luis Muruzábal firmaban el documento que instituyó una beca anual para alumos que desearan estudiar carreras relacionadas con "el campo, los recursos marítimos y/o la minería patagónica".

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LA CANCION DEL CENTENARIO

La Comisión Amigos de la Biblioteca Florentino Ameghino y la Comisión Centenario organizaron un certamen de canciones, que otorgó premios a los siguientes temas: "A Puerto Deseado", de Julio Bordón; "Regreso", de Mario Perdomo; "Dicen que te estás poniendo viejo", de Nelson González, "Décimas a Puerto Deseado", de Juan Jesús Sendes, y "Marcha" de Margarita Romanos de Dimópulos y Carlos Capdevila (residentes en Comodoro Rivadavia). La canción ganadora fue "Mi pueblo, mi mundo" (música de Nelson González y letra de Mario dos Santos Lopes), cuya letra reproducimos:

El verano enciende

su luz en mi pueblo

cuando son las nubes

un ritual del fuego.

Mi pueblo es la noche

la luna de invierno

que pone en la nieve

una luz de ensueño.

 

Hoy me preguntaste de qué pueblo vengo.

Vengo de la tierra de los navegantes.

Vengo de un camino que está cerca y lejos

de mil cañadones que pueblan los ecos

Hoy vengo a contarte

qué lindo es mi pueblo.

 

Deseado, mi puerto

hogar donde canto

y vivo mis sueños

tierra del futuro

playa roca y cielo,

Deseado, mi mundo.

 

Mi pueblo, llegamos

buscando otro cielo

y fue nuestra lucha

un muro a tus vientos.

Sólo te trajimos

amor y trabajo

y nos diste en hijos

la razón del canto.

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LOS DESEADENSES EN BUENOS AIRES

                Los cien años de Puerto Deseado movilizaron los sentimientos de quienes, por distintas razones, emigraron a otras ciudades. Así, la fiesta tuvo repercusión en Trelew, en Mar del Plata, pero especialmente en la Capital Federal, donde se organizó una comisión que perseveró en el tiempo, organizando diversas actividades culturales, y que, en el mes de julio, recuerda anualmente el aniversario de la llegada de los primeros colonos. El 3 de mayo de 1984 el diario "El Patagónico", de Comodoro Rivadavia, anunciaba el surgimiento de la "Comisión Pro-Aniversario", integrada, entre otros,  por Bonifacia Urbano, José Rafael González, Antonio Fernández Fueyo, Angel Romanos, Rosa Gómez de Fernández, Irene Wilson y Gustavo Gómez Wilson. Durante varios años el centro ha sido presidido por Cecilio Donín, con entusiastas colaboradores, entre los que mencionamos sólo algunos: Beba Gómez, Tita Barril, Pedro Urbano, Consuelo Lucea, Sara y Carlos Apestegui, María Jesús y Luis Cuniberti, Abel Brunetti, Angelita Martínez, Lorna Bateman, Carlos Fernández, Aldo Tafra.

                Es justo destacar la excelente organización del Centro de Residentes Deseadenses en Buenos Aires, que en su encuentro del año 2003 ofrecieron un marco profundamente emotivo y cálido para que el recopilador de estos "Cuadernos Culturales Deseadenses" y representantes de la empresa Vieira Argentina S.A. efectuaran la presentación oficial de esta colección, que además fue distribuida entre los presentes. Tradicionalmente ha presidido estos encuentros el intendente municipal de la ciudad; así lo han hecho Rafael Gómez Wilson (de 1984 a 1987), Luis Angel Diez (de 1988 a 1999), y Evaristo Arturo Rodríguez, desde el año 2000.

                Durante estos encuentros se ha rendido homenaje a antiguos vecinos de Puerto Deseado que se han destacado en diversas áreas y actividades: el doctor Roberto Gárriz, orgullo de la medicina argentina; la actriz Hilda Bernard y el periodista Oscar Gómez Castañón, ganadores del Martín Fierro; al semanario "El Orden", en sus ochenta años, a la Escuela nro. 5 en sus noventa años, al destacado piloto Manuel Ramón "Ramonín" Fernández, y a muchos otros que alguna vez transitaron las calles de la ciudad y dejaron una huella; otra de las gratas costumbres que viene cumpliéndose en los últimos años con el auspicio de empresas y comercios locales es el sorteo de un viaje por una semana a Puerto Deseado, con estadía incluida, para dos de los concurrentes.

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EL LOIRE II

                Evocando el nombre del vapor en el que viajaron a Puerto Deseado los primeros colonos, cuarenta y cinco personas llegaron desde la Capital Federal en el Loire II. Así se denominó al avión de Líneas Aéreas del Estado que les permitió compartir la fiesta inolvidable del Centenario en su ciudad natal. Algunos de los que llegaron de lejos son mencionados en la edición del semanario EL ORDEN (julio de 1984): Dr. Roberto A. Gárriz, brigadier mayor Antonio Diego López -ex gobernador de Santa Cruz-, Lic. Gerardo Martínez, Dr. Alcindo Alvarez Canale, Dr. Tito Gutiérrez Meyer -ex intendente municipal-, Ernesto Leal, Rufino y Carlos Gómez Wilson, Miguel Lecumberri, Bautista Lecumberri, Jacobo Huiche, Luis y Ricardo Brunetti, Jorge Bilancioni, Juan Cruz Lucea,   Irma Leal, Irineo Martínez, Carmen Apestegui, María Esther Clerici, Fermin Gelós, Carlos Capdevila, Joaquín Blanco, Mónica Abuin, Gustavo Gómez Wilson, Angel Romanos, Carlos A. Rostagno, Nicasia Orzanco, Haydeé Orzanco de González, Teresa Vio de Audisio, Elvira Amelung de Coccoz, Delia Blanco, Enrique Grant,  María Esther Mon de Ríquez, Ricardo Roberts, Matilde Mon, Emilio Venturo, Miguel Angel Murtagh, Alfonso Vera, Valentin del Alamo, Eugenio Forchiassin, Florencio Romanos, Bruno Parolín , Emma Alonso, R.P. Angel Zucarello, Willy Schlenker, Ignacio Alí, Carlos Sarchi, Pedro Muruzábal, R.P. Juan Ticó, Andrés Randisi, Cecilio Donín, Jorge Venditti, Norma Abuin, Emilia González Baztán, Stella Maris Hernández, y numerosos jóvenes que cursaban estudios en otros lugares del país.

 

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